¡Hay que acabar con la destrucción de la educación pública!

El curso 2020-21 ha sido uno de los más complicados de la vida académica de millones de estudiantes de familias trabajadoras. Ninguna planificación, protocolos ridículos que no han impedido el avance del virus, contagios y aulas en cuarentena, semipresencialidad, y toda una carrera de obstáculos para los alumnos de la pública con menos recursos.

Esta semana ha dado comienzo la EBAU. Tras un curso escolar desastroso donde el ministerio de Educación y las Consejerías educativas han dejado tirados a millones de estudiantes, en el que la mayoría hemos cursado el año de forma semipresencial, 200.000 de nosotros y nosotras nos tenemos que enfrentar a estas pruebas injustas y arbitrarias para conseguir una plaza en la universidad pública.

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Basta de precariedad, ¡por un futuro digno!

Manifestación jueves 3 a las 19:30h en la Praza dos Cabalos

Los trabajadores y trabajadoras del metal están protagonizando una lucha impresionante. Tras la firma del convenio del metal en el mes de mayo entre las burocracias de CCOO, UGT y la patronal –que implicaba una bajada salarial de cerca de 100 euros al mes– la Plataforma de Traballadores do Metal ha demostrado cómo se lucha frente a quienes atacan las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Después de 25 años de gobiernos de la derecha, la situación de la escuela pública en la Comunidad de Madrid es desastrosa. Ya el curso pasado, el gobierno del trifachito en la CAM recortó más de 350.000 euros en gastos de funcionamiento, que afectó a más de 400 centros en la región. En el último cuarto de siglo, la política educativa de la derecha ha sido muy clara: desmantelar la escuela pública, condenando a decenas de miles de estudiantes a estudiar en condiciones miserables y sin los medios necesarios.

El 15 de mayo es una fecha llena de significado para millones de jóvenes y trabajadores. Hace ahora diez años de la explosión social iniciada el 15M de 2011.

Una explosión que marcó un punto de inflexión en la lucha de clases, y que se hizo eco de la onda expansiva de la Primavera Árabe, igual que ocurrió en muchos otros países de todo el mundo. Cientos de miles participamos en las movilizaciones que llenaron las plazas de todo el Estado, enfrentamos la represión de la policía multiplicándonos con miles más, acampamos, organizamos asambleas multitudinarias, hicimos de la Puerta del Sol en Madrid un símbolo de lucha, desafiamos el statu quo y gritamos con fuerza ¡Lo llaman democracia y no lo es! Esta consigna sigue siendo hoy completamente cierta.