¡Tenemos la fuerza para derrotar a Ayuso!

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Todas las expectativas se han superado. Desde primera hora de la mañana del 14 de octubre, las aulas de la enseñanza pública en la Comunidad de Madrid se han vaciado en una huelga histórica.

Impulsada por cientos de asambleas docentes, por decenas de miles de profesores y profesoras, y un movimiento estudiantil a la ofensiva, la fuerza arrolladora de la huelga en las dos primeras jornadas se ha visibilizado en las calles, con manifestaciones multitudinarias que demuestran las ganas de ir a por todas y derrotar la política de demolición de la enseñanza pública del PP y de la presidenta Ayuso.

En las semanas previas el ambiente que se respiraba en los centros era de determinación y mucho ánimo. La huelga iba salir y de qué manera. Desde las ciudades obreras del sur de la Comunidad, Leganés, Móstoles, Fuenlabrada, Getafe, a las del corredor del Henares, Torrejón, Alcalá, en Parla y Coslada, pasando por los barrios de Carabanchel, Vallecas, Aluche, Moratalaz, San Blas, Hortaleza, Tetuán, Centro, Orcasitas, Villaverde… la movilización docente se ha dejado sentir con una contundencia extraordinaria.

Decenas de miles de estudiantes han secundado la huelga indefinida propuesta por el Sindicato de Estudiantes en unidad de acción con Menos Lectivas, CCOO, CGT y el resto de los sindicatos del profesorado, y la presencia estudiantil se ha notado muchísimo, tanto en los piquetes como en la concentración de Sol a las 12 y, especialmente, en la masiva manifestación de la tarde.

Esta lucha la vamos a ganar

Desde que comenzó la jornada del 14, los piquetes en los colegios e institutos tuvieron una tarea: celebrar el éxito de la huelga y organizar las fuerzas para llenar las principales arterias de la ciudad con un mar de camisetas verdes. Las imágenes de miles de profesores y profesoras concentrados a las puertas de los centros, y las caras de alegría y de emoción lo decían todo. Esta huelga ya era un triunfo sonado, secundada por más del 80%.

Inmediatamente todo se puso en marcha. Desde todos los puntos cardinales de la Comunidad de Madrid, miles de docentes nos movilizamos en columnas hacia Sol. Esa fue también la cita que el Sindicato de Estudiantes promovió en todos los institutos, y la respuesta fue maravillosa: una enorme concentración de profesores y estudiantes, llena de pancartas y banderas, tomó la emblemática plaza y decidió marchar en manifestación hasta Cibeles. El griterío era incesante: ¡Enseñanza, pública!, ¡Aquí están los antifascistas!, ¡Ayuso Almeida iros a la mierda!, ¡Un bote dos botes Ayuso el que no bote!, ¡Abascal hijo de puta!, ¡Todos los estudiantes tenemos un deseo que para la privada no haya dinero!, ¡Presupuestos militares para escuelas y hospitales!, ¡Esta huelga la vamos a ganar!... y decenas de consignas más.

A esa hora ya había saltado a las redes las imágenes de la brutal agresión policial a un piquete pacífico de estudiantes en la Universidad Complutense. Las imágenes de la paliza que los antidisturbios propinaron a jóvenes indefensos, que se manifestaban sin ningún incidente, dio la vuelta al mundo. El odio de los fascistas con placa que cometieron este ataque salvaje señala el momento político que vivimos.

Desde el Sindicato de Estudiantes e Izquierda Revolucionaria exigimos la dimisión inmediata de Marlaska y del delegado del Gobierno, la libertad de los cinco detenidos y que la policía salga de nuestros campus. Y es importante subrayar una idea. Este operativo policial tiene responsables, con nombres y apellidos. Pero el “Gobierno progresista” y su ministro del Interior no tomarán ninguna medida, como no la han tomado hasta ahora. Su “antifascismo” de salón, su retórica vacía, nos lleva a estas situaciones: policías que miman a los escuadristas de Núcleo Nacional, que se hacen selfis con Vito Quiles, que tratan con guante de seda a los cayetanos cuando intentan agredir a los acampados de Sol, y que emplean toda la violencia posible cuando se trata de jóvenes de izquierdas y antifascistas. Más claro el agua. La fascistización de la policía y del aparato del Estado continúa su marcha ascendente sin que este Gobierno y sus componentes hagan nada para evitarlo.

La indignación por la actuación de la policía, y por las provocaciones que a lo largo del día nos regalaron Ayuso y la consejera de Educación, la señora Zarzalejo, estuvieron muy presentes en la inmensa manifestación que discurrió desde Atocha a Sol. Más de 150.000 manifestantes llenamos el centro de Madrid defendiendo la enseñanza pública.

Los cortejos de las asambleas docentes se sucedían uno tras otro, lleno de verde, de pancartas de cada colegio, de entusiasmo. Como todo el mundo pudo comprobar, el enorme bloque organizado por el Sindicato de Estudiantes, con miles de estudiantes de secundaria, bachillerato y universidad, puso encima de la mesa la participación de la juventud en esta lucha histórica. Un bloque multitudinario y combativo, que no dejó de gritar y de saltar durante toda la marcha, y que demuestra el músculo del SE en los institutos de todo Madrid.

En la mente de los estudiantes madrileños, como de todo el Estado, también está muy presente los acontecimientos que sacuden Francia y Bélgica, las enormes huelgas estudiantiles de nuestros compañeros y compañeras que han llenado París y decenas de ciudades, y la brutal represión policial, otra vez más, que han tenido que soportar. Sabemos que estamos en un momento decisivo, y como ellos y ellas cumpliremos con nuestra tarea.

La jornada del 14 ha tenido su continuidad el 15 en la concentración masivas ante la Consejería de Educación y los cortes de la Gran Vía y la Castellana, y continuará el viernes 16 con otra movilización que volverá a llenar las calles del centro. La huelga indefinida de los docentes y los estudiantes de la CAM marca un punto de inflexión. Es una expresión viva de la intensidad de la lucha de clases que recorre el Estado español, y que hemos vivido con las movilizaciones masivas por el derecho a la vivienda, una genuina rebelión social desde abajo, con una conciencia de clase desbordante, que ha logrado imponer la huelga general para el próximo 11 de noviembre.

Igual que en Catalunya y el País Valencià, los docentes madrileños están dando un ejemplo de dignidad obrera extraordinaria, de lucha contra esa paz social funesta, de democracia y participación, de autoorganización desde cada centro de estudios. Pase lo que pase, esta lucha ejemplar pasará a la historia y prepara el camino para la victoria.