Concentración convocada por “Alcalá Antitaurina” este 30 de agosto a las 20:30 en la Plaza Santos Niños
Este año el Ayuntamiento de Alcalá de Henares del PP ha decidido recuperar la Feria Taurina, que se celebrará del 28 al 31 de agosto. “Nosotros creemos en la tradición y en la cultura de la tauromaquia, y en que nuestras fiestas deben tener una amplia programación para todos los públicos que siempre sume”. Decía el concejal de Fiestas y Tradiciones Populares al presentar el cartel.
Pero la tauromaquia no es ni tradición, ni cultura ni espectáculo. Es tortura animal. Todo para fomentar intereses empresariales, ganaderos que crían toros como "productos de lujo", plazas que cobran entradas a precios desorbitados y toreros convertidos en marcas publicitarias.
Y todo esto financiado con dinero público. Mientras los fascistas y cayetanos de Vox y del PP hablan de las “paguitas” a inmigrantes, la realidad es que quienes viven del dinero público y de las ayudas son la industria de tortura. Especialmente en aquellas comunidades donde gobierna la derecha se siguen inyectando millones de euros a esta industria. En la Comunidad de Madrid, la fascista de Ayuso ha aumentado en 300.000 euros la partida a la tauromaquia (quedándose un presupuesto total de 4,5 millones para este año) mientras ha recortado 20 millones en los presupuestos culturales. Lo mismo sucede en Andalucía o València, donde las partidas suben a los 4 millones y 450.000 euros respectivamente, mientras que la Fundación Toro de Lidia han visto aumentar sus subvenciones en un 35%.
Sin embargo, el dinero no solo llega por parte de las administraciones controladas por los reaccionarios: fondos europeos, el Ministerio de Cultura, el ministerio de Agricultura, Diputaciones, Ayuntamientos… En total se estima que las subvenciones públicas a la tauromaquia en nuestro país ascienden a los 500 millones de euros al año. Por no hablar de que la gran mayoría de plazas de toros que no se utilizan o solo celebran un festejo al año, son en muchas ocasiones de titularidad pública y mantenidas con fotos públicos. ¡Es una vergüenza! ¿Por qué todo ese dinero no va a destinado a la sanidad, educación o vivienda? ¡Es la única manera de acabar con este cruel negocio!
La sensibilidad y concienciación en defensa de los animales crece y la tauromaquia, entre otras prácticas similares, están más cuestionadas que nunca. En 2023, apenas 6,5 millones de personas asistieron a espectáculos taurinos en un país con más de 49 millones de habitantes. Un 78% de los españoles no se considera taurino y la asistencia a las corridas de toros cae en picado: solo el 1,9% de la población acudió a estos eventos entre 2021 y 2022.
La idea de que hacer sufrir a un animal para finalmente matarlo es una muestra de cultura es profundamente reaccionaria. La tauromaquia es un proceso prolongado de explotación y tortura para los toros. Desde los 8 meses se les separa de sus madres y poco después son marcados con hierro candente. Más tarde se les somete a pruebas como el acoso y derribo (perseguirlos y derribarlos con una garrocha) y la tienta (evaluar su bravura y la fertilidad de las vacas mediante capote, muleta y picador).
El toreo se mantiene porque supone enormes beneficios para los grandes ganaderos, terratenientes y aristócratas, mientras nos tratan de vender que es “cultura” o “arte”. No hay recursos para hacer accesible el teatro, el cine o los conciertos, o para garantizar locales de ensayo y bibliotecas en nuestros barrios, pero sí lo hay para fomentar el toreo.
La clase trabajadora no vamos a permitir que se continúe con este circo de tortura, y mucho menos que se siga financiando con dinero público.
¡SIEMPRE ANTITAURINOS!